Wednesday, December 26, 2012

EL REGRESO A CASA





Me desperté, sin saber dónde me hallaba. Cuando comencé a despejarme me di cuenta de que estaba en Madrid, en el barrio de la Moraleja, en una mansión, y durmiendo en una habitación de invitados. Escuché golpecitos en la puerta, y la voz aflautada de Ambrosio diciendo mi nombre.
Yo me levanté, y me puse las pantuflas del mismo Ambrosio, aparté la silla que dejé la noche anterior apoyada en la puerta, quité el cerrojo, y le abrí al mayordomo. Me dio los buenos días y fuimos al salón a desayunar.
Allí encontré a Mari Paz sola, hizo que me sentara a su lado. Le pregunté que donde estaban sus papis, y me dijo que aún dormían. Desayunamos Cheerios con leche juntas. Cuando terminamos de comer le dije que ese mismo día regresaría a mi ciudad, pero que nos veríamos pronto. Ella asintió, pero le caía una lagrimita, así que le dije que no fuese tonta, que nos veríamos muy pronto, y nos pusimos a jugar al pilla pilla, ella se animó al instante.
Al rato aparecieron Pedro y Mari. Yo le dije a Pedro si mi vestido ya estaba listo, y él respondió que enseguida enviaba a Ambrosio a la tintorería a por el.
Mari se puso a hablar conmigo sobre sus conocidas famosas y millonarias, y me confesó que le aburrían mucho, que se alegraba de que hubiese pasado con ellos estos días, y que todos en la casa me habían cogido cariño. Yo le di las gracias, y le dije que regresaría ese mismo día. Ella me dijo que me llevarían en el mercedes a la estación de trenes para despedirme. Le comenté que mis cosas estaban en el hotel, pero ella insistió, y alegó que de camino a la estación pararíamos en el hotel para recogerlo todo. Mari subió a por su abrigo, y yo aproveché para hablar con Pedro, le pedí  por favor que no fuese a la estación a despedirme, y él aceptó. Pero me dijo que no me olvidara del dvd de Malditos Bastardos, que me lo había dejado en el salón norte. Yo acepté la película. Al momento llegó Ambrosio con mi vestido de Gucci metido en una percha, y dentro de un plástico trasparente. Yo me alegré, se lo quité de las manos, y fui a mi habitación de invitados a vestirme.
Al salir de la habitación con el vestido de Gucci, y las pantuflas de Ambrosio sentí que me faltaban mis zapatos de tacón. Ambrosio me los dio, se ve que también los dejé tirados en el baño, y también me dio mi bolso, y metí dentro el dvd. Ya me sentía completa, y preparada para volver a Valencia.
Mari bajó con su abrigo de visón, llamó a Jaime, y le dijo a Pedro si venía con nosotros, pero Pedro le dijo que tenía un negocio que atender, que le sería imposible, así que se despidió de mí dándome dos besos, y me susurró que cuando viese la película le dijese si me gustaba, yo asentí. Me despedí de Ambrosio, y le di las gracias por prestarme sus calcetines y sus pantuflas, él me sonrió.
Mari Paz, Mari, y yo salimos de la casa, y Jaime nos abrió las puestas del mercedes para que subiésemos.
Nos fuimos camino de la estación de trenes, pero antes le indiqué a Jaime que parase en el Meliá. Bajé del coche, y Mari Paz quiso acompañarme para no aburrirse en el mercedes, y a su madre y a mi nos pareció bien.
Subimos a mi habitación de hotel, nos cruzamos con la señora de la limpieza, y silbó de nuevo la dichosa canción de Bisbal, Mari Paz y yo nos burlamos. Entramos en mi habitación  y comencé a preparar mi maleta, la peque me ayudó, y terminamos enseguida.
Llamamos a recepción para que cargasen mi maleta, y al llegar abajo, aboné con mi tarjeta, (a salud de Conchín y Paco) pagándoles el día anterior, y ese día, también les di un poco de propina. Los del hotel me regalaron un paraguas, y un foulard oficiales de Meliá. A la pequeña le dieron una bolsa llena de caramelos, pero yo le dije que se los racionara, que no se los comiese todos de una.
Subimos al mercedes, y  Jaime  puso la maleta  en el maletero. En  un momento llegamos a la estación de trenes. Mari Paz se puso a llorar y no quería que yo me fuese, yo y Mari la consolamos.  Cogí en brazos a la pequeña y le di vueltas y más vueltas jugando como siempre, y le dije que muy muy pronto nos veríamos. Así la niña se animó. A Mari se le aguaron un poco los ojos, me dio dos besos, y me abrazó. Me hizo prometer que les llamaría a menudo, y que nos veríamos pronto. Yo le dije que sí, que no se preocupara, y luego ella me comentó que tenía previsto un crucero por el mediterráneo, y que prefería que yo la acompañara, porque sus amigas aristócratas eran aburridísimas. Me pareció buena idea, pero le dije que dependía de cuadrar mis vacaciones, pero ella me hizo prometérselo, como siempre.
Llegó la hora de subir al tren, y un momento antes también me despedí de Jaime, de nuevo abracé a Mari, y a Mari Paz. Subí al tren, y me senté en mi asiento colocando la maleta en la parte superior. Por la ventanilla me saludaron un buen rato las dos, e incluso el chofer.
Cuando arrancó el ave las despedí, y una lagrimita surcó por mi mejilla. Las echaría de menos.
Sentada en mi asiento, recordé como las conocí, en ese mismo lugar, días antes, solo que en un primer momento me resultó muy pesada Mari, por mi desorbitada resaca, y sus inmensas ganas de conversar, lo que me hace pensar que  la frase de “la primera impresión es la que cuenta”, a veces falla por completo.
Ya había transcurrido gran parte del trayecto cuando me acordé de la película de “Malditos Bastardos”, y del sinvergüenza que me la regaló. Abrí la carcasa de plástico tras observar la portada, detallándola. Cuando abrí, vi el dvd, y habían colocados en la solapa de la izquierda un papel, que luego me di cuenta que eran dos papeles. El primero era una hoja escrita que decía así:

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Hola Chanpang. Siento que nos conociésemos de esa forma. Discúlpame por violentarte, y si te sentiste ofendida por ofrecimiento. Ya sé que me dijiste que no querías mi dinero, pero esto es lo menos que puedo darte por ofender gravemente a una buena amiga de mi señora y mi hija.
Espero que te haga la vida algo más fácil. Un fuerte abrazo.
Pedro.
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Y el otro papel era un cheque al portador de 50.000 euros. Metí de nuevo los dos papeles donde los encontré, y al mismo tiempo que el tren de alta velocidad me aproximaba más y más a Valencia, fui meditando en qué invertiría el dinero, y leyendo el título de la película
pensé para mí: ¡¡Maldito Bastardo!!





Wednesday, December 12, 2012

VIAJE A MADRID (QUINTA PARTE) EL MALENTENDIDO











Estaba en la habitación de Mari, y de su marido, desnuda, a punto de ponerme la ropa de mi talla que encontré en los armarios, cuando la llave se salió de la cerradura cayendo al suelo, y haciendo el ruido metálico característico. Me quedé paralizada, y aunque hubiese reaccionado, no me hubiese dado tiempo a vestirme antes de que entrara la persona que abrió la puerta.
Lo reconocí enseguida,  era el mismo individuo que había visto en la foto de la mesita, aunque en vez de llevar camiseta iba vestido con traje y corbata,  no era otro que el marido de Mari.
Sus canas, sus dos metros de alto, su barriga prominente, y su enorme espalda le delataron.
Él entró, y se abalanzó sobre mí, murmurando lo eficaz que es siempre la agencia de señoritas, me dio besos en el cuello, y me manoseó los senos mientras yo permanecía paralizada, hasta que pude reaccionar, y grité como si el mundo se fuese a acabar. Armé un escandalo tan grande que de seguro me oyeron en un kilómetro a la redonda.
El señor dio varios pasos atrás, y se sintió tanto o más confuso de lo que yo estaba.  Su rostro se volvió del color del tomate, y apartó la mirada de mí cuerpo. Yo aproveché para taparme con el albornoz, y le expliqué como pude que era una amiga de su esposa.
Él se disculpó millones de veces, pedía perdón de todas las formas posibles.  Se presentó, dijo que se llamaba Pedro, que me iba a dejar que me vistiera con tranquilidad. De hecho permaneció fuera de la habitación, frente a la puerta, durante todo el tiempo que tardé en ponerme la ropa interior, el vaquero, y la blusa.
Hasta que salí por la puerta (vestida, pero descalza), Pedro estuvo disculpándose una y otra vez por su nefasta metedura de pata. Yo iba a explicarme, pero él parecía preocupado por la desnudez de mis pies, así que hasta que no llamó a Ambrosio, y consiguieron que me pusiera unos calcetines y unas pantuflas del propio mayordomo no conseguí que me prestara la debida atención.
Nos trasladamos al salón norte para conversar.
Al fin pude explicarme bien. Le conté a Pedro como conocí en el tren a Mari, y a la pequeña Mari Paz, nuestra quedada de ayer, y todo lo que ocurrió desde que me quedé bajo la lluvia. Mi interlocutor permaneció muy atento, escuchando cada palabra que yo le iba aportando.
Cuando terminé de hablar, me preguntó mi nombre completo, y yo se lo dije, después  él se llevó la mano al pecho, y tras hurgar en el bolsillo interior de su chaqueta, sacó una chequera. Intentó solucionar su ataque de vergüenza de la única forma que sabe: con dinero.
Quiso saber cómo se escribe mi nombre y apellido, pero no se lo dije, y rechacé su dinero. Eso hizo que aumentara aún más su vergüenza. Después me susurró al oído si quería que intimásemos antes, y que  me daría el dinero después, y acompañó sus palabras colocando su enorme mano derecha en mi rodilla izquierda.
Yo reaccioné poniéndome de pie. Primero  negué con la cabeza, y cuando pude reunir fuerzas salió de mí un sonoro NO.
Iba a marcharme corriendo, vestida con el fondo de armario de Mari, la ropa interior de una chica de compañía que intimó con Pedro, y los calcetines y pantuflas de Ambrosio, cuando sentí que alguien me cogía la mano derecha.
Me giré, y allí abajo estaba la niñita de la casa, Mari Paz.
Mari Paz: -¡¡Te he echado mucho de menos Xian!!- Me dijo abrazándome fuerte.
Xian Pang: -¡¡Y yo a ti cielo!!- Le contesté devolviéndole el abrazo.
Me dio dos besitos, me preguntó que por qué iba vestida tan rara, yo me encogí de hombros y nos reímos. Luego me pidió que jugásemos de nuevo a dar vueltas, y cumplí sus deseos. La cogía en brazos, y yo daba vueltas sobre mí misma. Lo que no sabía es que Ambrosio había encerado el suelo, y casi salimos volando, de no ser porque Pedro nos cogió a las dos.
Mari Paz le dijo a su papi que yo me parecía mucho a Luci Liu, y le hizo prometer que esa noche verían de nuevo Kill Bill.
Yo le pregunté si verían las dos películas, y Mari Paz asintió, diciendo que las dos juntas forman una sola película, así que ver únicamente la primera sería ver la mitad, y su papi le ha enseñado a que uno tiene que ver las películas completas.
Pedro me preguntó si me gustaba Tarantino, y yo le dije que sí, pero mirando a su hija. Ese cabronazo se libró del escandalo que le iba a armar porque  llegó Mari Paz, que si no…, se hubiese acordado de esta china.
El caso es que me preguntaron que qué película me faltaba por ver de Tarantino, fueron enumerándolas todas, y cuando llegaron a Malditos Bastardos yo respondí negativamente.
Pedro desapareció un momento, y volvió con el dvd de la película.
Yo le dije que no iba a quedarme a dormir en su mansión, que me iría a mi hotel, así que no la podría ver con ellos, pero él me dijo que no, que ya le había prometido a su niña que verían Kill Bill, y que me regalaba el dvd de Malditos Bastardos.

Yo acepté gustosa la película. Y le dije que se la devolvería, pero él contestó que me la quedara.
Yo me despedí de la pequeña, aunque ella no quería que yo me fuera. Ella y su padre insistieron en que me quedara. Pedro alegó también, que al menos me esperara a que llegara Mari, pero yo sabía que cuando apareciera Mari, entre los tres harían que me quedase a cenar y a dormir, así que preferí marcharme, pero tenía varios factores en contra de los que me di cuenta tarde. Fuera hacía frío, y yo iba vestida con ropa veraniega, y mi ropa estaba empapada, un vestido Gucci, ni más ni menos, a parte de mi abrigo. Le planteé la cuestión a Pedro, y me dijo que Ambrosio llevaría mi traje a la tintorería de ahí al lado, y que al día siguiente ya estaría listo, que me quedara a cenar y a dormir.
Ya me estaba liando…, pensé en mis trabajos. Por un lado aún me quedaban tres días de fiesta porque pedí una semana de vacaciones en la agencia de turismo, y por otro lado, Po Yong me había concedido unos días, y siempre puedo sacar de él todo lo que quiera, así que no había ninguna obligación en Valencia que me hiciese echar a perder un vestido de Gucci. De esta forma Pedro dio en mi punto débil, y me quedé en la casa.
Pusimos Kill Bill 1, y cuando murió Vernita Green victima de su cuchillo de cocina, Ambrosio entró en el salón norte anunciando que había llegado al fin la señora de la casa. Acto seguido apareció tras él Mari, con un fastuoso peinado, recogido en trenzados imposibles.
Mari: -¿Os gusta?-Todos asentimos.
Mari: -Anda, Xian, si llevas mi viejo vaquero de los 80.-¡¡Ya decía yo que esos pantalones tenían 30 años!!
Mari quería hablar conmigo, pero estábamos viendo la película, y Mari Paz quería que yo estuviese con ella atendiendo lo que iba ocurriendo en el film. También le pidió a su madre que se sentara con nosotros a contemplar la venganza de la novia. A Mari le parecía todo una salvajada, y que no era una película apropiada para que viese una niña pequeña, pero nadie le hizo caso. 

Cuando salió Luci Liu, Mari Paz dijo que se parece mucho a mí. Pedro asintió, yo dije que no sabía, y Mari me dijo que la disculpara, pero que todo los chinos/japoneses de por allá le parecemos idénticos.
Ambrosio anunció la cena cuando estaba terminando la película, así que Pedro le dijo a la pequeña Mari Paz que veríamos la segunda cuando acabáramos de cenar.
La cena nada tenía que ver con la comida de nuevos ricos del otro día, comimos tortilla de patatas, butifarras y longanizas. Todos comían con las manos, sirviéndose con pan. Se le vio el plumero a Mari, seguro que había sido una chica de provincia, y por ello me cayó mejor todavía. 

Después de la cena vimos Kill Bill 2, y al terminar el film, me despedí de Mari, Pedro, y Mari Paz, y seguí a Ambrosio por un largo pasillo hasta que llegamos a una de las habitaciones de invitados, donde pasé la noche.
El mayordomo me preparó la cama, me dio las buenas noches, y una vez sola me sentí de nuevo en paz, y descansé tranquila, esperando a que llegase el día siguiente, para regresar a Valencia, y volver de nuevo a la normalidad. Es curioso, cuando, a veces, hartos de la monotonía, creemos necesitar tanto unas vacaciones, que cuando estamos vacacionando, lo que echamos de menos es la cotidianidad.  
Pensando esto me dormí.
Y comencé a soñar con hombres grandes de cabello gris, y barriga prominente que se abalanzaban sobre mí besándome el cuello. Desperté de la pesadilla, y cerré la puerta de la habitación con el pestillo, y apoyé la silla para que no me pillase desprevenida el señor de la casa.
Ya más tranquila pude dormir, con unas ganas enormes de que fuese mañana.